21 Feb

EVALUACIÓN DEL PROYECTO DE SEGURIDAD ALIMENTARIA EN COMUNIDADES RURALES DEL MUNICIPIO DE COLQUECHACA

EVALUACIÓN DEL PROYECTO DE SEGURIDAD ALIMENTARIA EN COMUNIDADES RURALES DEL MUNICIPIO DE COLQUECHACA

Entre octubre y noviembre del año 2020 Gerenssa estuvo a cargo de la evaluación de la primera fase del Proyecto “Seguridad alimentaria en comunidades rurales del municipio de Colquechaca”, ejecutado por el Instituto Politécnico Tomás Katari (IPTK) con financiamiento del Servicio de Liechtenstein para el Desarrollo (LED).

Colquechaca es un municipio situado en el norte potosino, una de las regiones más pobres de Bolivia con un 97% de incidencia de pobreza frente al 39% a nivel nacional, es además un territorio con un reducido IDH de 0,36 frente al 0,67 a nivel nacional, se trata de una zona con reducida disponibilidad de recursos hídricos, con un promedio de precipitación anual de 436 mm frente a 1.123 mm a nivel nacional, tiene una de las tasas de analfabetismo más alta del país con 27% frente al 4% a nivel nacional, tiene una de las tasas más altas de desnutrición crónica con 44% frente al 15% a nivel nacional, su población es una de las que más necesidades insatisfechas presenta, con una prevalencia de NBI de 88% frente al 45% a nivel nacional.

En este contexto, el Proyecto buscó dar respuesta a las múltiples necesidades de 350 familias destinatarias –en veintidós comunidades de cuatro sub centralías: Titiri, Queojo, Kellu Kasa y Palcoyu– aprovechando los recursos locales, buscando potenciar las capacidades de la población en lugar de introducir elementos foráneos que por lo general suelen ser insostenibles en el mediano y largo plazo, se ha podido apreciar que la estrategia abordada por el Proyecto ha sido acertada y ha generado importantes efectos favorables en las familias y comunidades destinatarias.

Ante la reducida disponibilidad de recursos hídricos y terreno agreste de la región, se ha construido reservorios circulares semisubterraneos de agua, sistemas de riego por aspersión vinculados a estos reservorios y terrazas anticlinales que permitieron recuperar terreno de alta pendiente para el cultivo de vegetales y hortalizas, el Proyecto sobretodo ha brindado la capacitación y asistencia técnica, además de semilla mejorada y algunos materiales de construcción, mientras que los destinatarios han aportado con mano de obra y materiales locales, de este modo se ha evitado incurrir en un enfoque asistencialista no sostenible.

De manera complementaria, habiéndose observado una elevada incidencia de consanguineidad en los hatos ovinos, se ha dotado de reproductores media sangre “cara negra” para el mejoramiento del ganado y de gallinas ponedoras con el fin de mejorar la disponibilidad de proteína animal para las familias en estas zonas, además se ha construido cocinas de consumo reducido de combustible que evitan la acumulación de humo y hollín al interior de las viviendas y se dotó filtros de agua con el fin de mejorar el acceso a agua segura en las comunidades, también se ha trabajado, particularmente con las mujeres, en formación política y empoderamiento económico, a través de talleres de capacitación y de producción textil que fueron instalados y equipados en cada una de las subcentralías; cabe comentar que el equipamiento de estos talleres fue una consecuencia de la incidencia generada por las organizaciones de mujeres (capacitadas y fortalecidas por el Proyecto) que buscaron y consiguieron financiamiento del municipio para la adquisición de máquinas tejedoras.

Se ha conseguido una mejora en la disponibilidad de alimentos, puesto que las familias que antes producían solamente papa una vez al año, tras la implementación producen un promedio de dos veces al año cultivos diversificados (de cebolla, haba, remolacha, zanahoria, zapallo, repollo, incluso árboles frutales como durazno entre varios otros), además cuentan con disponibilidad de huevos de gallina y carne de ovino en mayor cantidad y calidad; a su vez, las mejoras en la productividad han contribuido a incrementar ingresos económicos (provenientes de la venta de los excedentes, de fibra de ovino y de producción textil) y a generar ahorros (por ejemplo si antes tenían que trasladarse a algún centro urbano para adquirir alimentos un vez al mes ahora lo hacen una vez cada dos o tres meses); también se ha conseguido una mejora en la diversidad de la dieta en estas familias y mejoras importantes en la calidad de vida y en el estado de salud de los destinatarios (gracias a las cocinas saludables y los filtros de agua).

Es evidente que en una de las regiones más pobres del país las necesidades todavía son muchísimas y que este Proyecto constituye un importante aporte pero aún queda mucho por hacer, se destaca la integralidad del modelo, el enfoque de seguridad alimentaria nutricional, así como el nivel de apropiación que se consiguió por parte de la población, claramente este es un buen ejemplo de cómo implementar acciones de desarrollo a partir de las necesidades y de la voz misma de los destinatarios, haciéndolos partícipes y no meros beneficiarios, aprovechando los recursos y potencialidades locales y evitando introducir enfoques, tecnología y otros elementos cuya pertinencia a lo mejor es muy alta en otros contextos, pero en nuestro país y en ciertas regiones particulares no ha sido probada.

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